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Cuando una prueba abre otro camino

Cuando terminé de construir el robot de KIKAIMA, necesitaba comprobar cómo funcionaba realmente sobre el papel. Hasta entonces, las pruebas de calibración consistían en ejecutar pequeños programas con Arduino que dibujaban líneas con diferentes presiones, cuadrados, círculos o trazos en los que la presión aumentaba y disminuía progresivamente.

Aquellas pruebas me permitían comprobar el funcionamiento de la máquina, pero tenían un problema: eran demasiado sencillas. Todo estaba demasiado controlado y los movimientos eran demasiado perfectos para las situaciones a las que quería enfrentarme al dibujar composiciones más complejas.

Entonces se me ocurrió invertir el planteamiento de KIKAIMA X SUMI. Si ya estaba desarrollando una interfaz para generar composiciones a partir de gestos, ¿por qué no aprovechar ese trabajo para hacer lo contrario? En lugar de generar una imagen desde cero, podía partir de una fotografía, analizar sus formas y convertirlas en recorridos que la máquina pudiera dibujar.

Así empezó KIKAIMA X MICHI.

Los primeros resultados fueron bastante buenos. Introducir una imagen cualquiera, convertirla en un dibujo de líneas y verla después sobre el papel resultó más sencillo de lo que esperaba. También permitió detectar algunas limitaciones de la construcción del robot, especialmente en el mecanismo encargado de mover la herramienta hacia el papel, que tuve que modificar.

Pero una vez resueltos aquellos problemas, las pruebas empezaron a plantearme nuevas preguntas. Ya no se trataba solamente de reproducir los contornos de una imagen. ¿Y si las líneas pudieran variar de grosor? ¿Cómo podría interpretar el contraste de una fotografía para decidir qué zonas necesitan más presencia y cuáles pueden resolverse con trazos más ligeros? ¿Qué ocurriría al construir una línea mediante otras líneas repetidas?

Lo que inicialmente era una herramienta para poner a prueba la máquina empezó a convertirse en otra cosa. Cada nueva necesidad técnica abría una posibilidad gráfica, y cada posibilidad gráfica sugería nuevas pruebas. Sin haberlo previsto, estaba desarrollando un segundo sistema con el que podía investigar distintas maneras de transformar imágenes en dibujos.

Aunque sigo considerando X MICHI una línea secundaria dentro de KIKAIMA, ha ido adquiriendo una identidad propia. Me interesa especialmente la posibilidad de utilizar mis fotografías y desarrollar una forma de interpretarlas que se acerque a mi manera de dibujar o pintar. No busco simplemente que el robot copie una imagen, sino explorar cómo podría traducirla a un lenguaje pictórico personal.

Al final, eso es lo que más me interesa de cómo surgió MICHI. Empecé intentando comprobar si una máquina funcionaba correctamente y terminé planteándome cómo podría aprender a dibujar de una manera que reconociera como mía.

Jake OuviñaKIKAIMA Project

Fotografías adicionales pendientes de incorporar.