
Cuando dibujamos una figura cerrada, resulta sencillo entender qué pertenece a su interior y qué queda fuera. Pero ¿qué ocurre si queremos colorear el fondo? ¿Y si una línea atraviesa todo el papel y divide el espacio en dos? En ese caso, aunque no existan dos figuras cerradas independientes, podemos interpretar que la línea ha creado dos regiones diferentes.
Para explorar estas posibilidades, empecé a considerar los márgenes pintables del papel como un límite más de la composición. De esta manera, el propio fondo podía entenderse como una superficie delimitada y, por tanto, susceptible de convertirse en una mancha de color.
La solución tenía sentido, pero visualmente no terminaba de convencerme. Rellenar una superficie hasta un borde perfectamente regular resultaba demasiado frío, casi como colorear un rectángulo. Me interesaba que ese límite pudiera tener también algo de gesto, que no fuera necesariamente tan preciso ni uniforme.
Así surgió FRAME.
La idea consiste en introducir un marco imperfecto, próximo a los límites del papel, pero con variaciones e irregularidades que alteran su recorrido. También puede aparecer fragmentado, interrumpiéndose en determinadas zonas y dejando otras abiertas. De esta forma, el borde deja de ser únicamente una frontera y empieza a participar en la construcción de la imagen.
Hay otro concepto que siempre me ha interesado y que encuentro relacionado con FRAME: el reencuadre fotográfico. Al trabajar con un negativo y realizar una ampliación, podemos decidir qué parte de la imagen conservar, qué elementos dejar fuera o cómo cambia la composición al modificar sus límites. Una decisión aparentemente sencilla puede transformar completamente la lectura de una fotografía.
Con FRAME quiero trasladar parte de esa idea al lenguaje de SUMI. El marco no tiene por qué coincidir con el borde físico del papel, ni tiene que ser una figura perfectamente cerrada. Puede establecer nuevos límites dentro de la composición, introducir irregularidades o hacer que determinadas zonas adquieran más presencia que otras.
Esto también me lleva a replantear la relación entre figura y fondo. El espacio negativo no tiene por qué ser simplemente aquello que queda vacío entre los elementos dibujados. Puede convertirse en una región con entidad propia, incluso en una figura más dentro de otra mayor, delimitada finalmente por el propio papel.
Lo que comenzó como una necesidad para visualizar manchas de color ha terminado abriendo otra pregunta sobre la composición: ¿hasta qué punto el límite de una imagen forma parte de su lenguaje?
FRAME es una forma de explorar esa cuestión, incorporando el borde como un gesto más y dejando que sus irregularidades participen en el resultado.
Fotografías adicionales pendientes de incorporar.